De pronto, sin anuncio previo y prácticamente sin ninguna repercusión en la prensa nacional, se tuvo conocimiento de la visita del ministro de Asuntos Extranjeros de Azerbaidján, Elmar Mammedyarov, quien incluyó a Buenos Aires en una gira americana que comenzó en la Argentina y que tendrá como etapas siguientes a Chile y Brasil. Luego el canciller azerí se dirigirá a los Estados Unidos, donde el viernes 7 de abril será recibido por la Secretaria de Estado Condoleeza Rice.
Hasta aquí, la noticia es simplemente una crónica periodística como tantas otras. Pero en realidad, cuál es el verdadero motivo de tan súbito interés latinoamericano por parte de un país del sur del Caúcaso, que al decir de los propios cancilleres argentino y azerí el lunes pasado, no ha tenido ningún tipo de relación comercial en el pasado inmediato con cualquiera de estas naciones.
Desde una visión política armenia, es evidente el propósito de Bakú de intentar a través de la apertura de nuevas sedes diplomáticas, -en especial en aquellos países donde es fuerte la actividad comunitaria armenia- instalar una presencia que pueda amortiguar la permanente prédica de los armenios no sólo en favor de la independencia de Karabagh, sino también acciones como el reciente y masivo reclamo sobre la destrucción de los jachkar en Najicheván.
Esta realidad está en sintonía con la nueva política exterior turca que ha comenzado a aplicarse, casualmente, en aquellos lugares donde la armenidad está establecida desde hace décadas. Ankara antes, Bakú ahora, probarán iniciar una ofensiva antiarmenia desde el accionar diplomático y la movilización de los inmigrantes turco-azeríes, allí donde también estén radicados. Desde hace algún tiempo ya pueden observarse algunas de las nuevas movidas antiarmenias: Manifestaciones azeríes en Estados Unidos y Canadá, movilizaciones turcas en Francia y Alemania, protestas diplomáticas y oficiales ante parlamentos y gobiernos que hayan apoyado los reclamos armenios y mucho más...
El poder económico y la posibilidad de apertura de nuevos mercados, hacen que las voces turcas se escuchen más frecuentemente en distintos escenarios mundiales. Tanto los EE.UU, como algunos –no todos- países europeos, piensan más en sus beneficios económicos que en el cumplimiento de las normas de derechos humanos que ellos mismos ayudaron a diseñar y homologar en el mundo entero. El doble discurso es muy fácil de aplicar, por un lado se pregona a favor de las minorías y los desprotegidos, por otro se los posterga con la utilización de herramientas económico-sociales que favorecen sus voraces capitales.
Una sede diplomática azerí en la Argentina sería un nuevo escenario para los armenios. Argentina está en una tarea permanente de desarrollo y expansión de sus mercados. Tal vez el remoto Azerbaidján le permita la posibilidad de realizar nuevos negocios. Pero también, -y de esto estamos seguros- las relaciones argentino-azeríes no cambiarán la tradicional posición humanista de un país que recibió con los brazos abiertos a decenas de miles de armenios exiliados que huyeron del Genocidio y se instalaron al amparo de estas tierras.
Una nación que acogió y mitigó el dolor de los desterrados, que tuvo también la desgracia de padecer en carne propia la tiranía que enlutó a sus habitantes, sabrá ubicar en su justo lugar negocios y derechos humanos. Desde nuestra comunidad trabajaremos para que esas dignísimas banderas no se arríen jamás y que la tradición de libertad y respeto por los derechos humanos no se vean avasallados por la contingencia de sumar un nuevo negocio.
Nota de Jorge Rubén Kazandjian